domingo, 15 de abril de 2018

El mundo del despropósito


Autor: Gaetan

Hace poco leí por facebook une reflexión que me revolvió el corazón. Decía así: “una bomba que cuesta 100.000 dólares, lanzada desde un avión que cuesta 100.000.000 dólares y que vuela con un coste de 42.000 dólares la hora para matar personas que viven con menos de 1 dólar al día”. Esto es lo que llamo yo el mundo del despropósito.
Se define el despropósito como un hecho o dicho inoportuno, sin sentido o de alguna manera carente de toda lógica. Dicho así, los bombardeos de los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia contra Siria encuentran un hueco en esta definición por muchas razones. No me ocurre otra manera de calificar esta barrabasada completamente estrafalaria tanto en su publicidad como en su coste teniendo en cuenta las acuciantes necesidades de muchas personas en diversos rincones del mundo.
Para empezar, el señor Trump dijo pocos días antes de la dicha operación que los misiles preparados para ser lanzados serían “bonitos, nuevos e inteligentes”.  Este eufemismo contrasta mucho con los destrozos que están destinados a hacer. ¿Bonitos? ¿Para quién? ¿Acaso no son instrumentos de muerte y de destrucción? Desgraciadamente, el ser humano, en lugar de utilizar su inteligencia para mejorar el mundo, se dedica a investigar la mejor manera de matar a su semejante.

Decía René Girard que el hombre, de manera natural, tiene menos opciones de lucha que ciertos animales. El desarrollo de la inteligencia le habría empujado a inventar instrumentos artificiales de lucha de los que carecía en los inicios. Con ello, también se habrían puesto en marcha los principios morales para no exterminar a sus semejantes. Desgraciadamente, últimamente, los descubrimientos científicos parecen ir más rápidamente que el desarrollo moral. Así, somos capaces de fabricar armas de destrucción masiva y utilizarlas o enviar bombas mortíferas por medio de drones sin que nos importe moralmente la cantidad de personas inocentes que mueren lejos de nuestros ojos. Y somos capaces de calificar los instrumentos de muerte de bonitos como si fueran a producir algo bueno dónde caen. En otras palabras, estamos poniendo nuestra inteligencia al servicio del mal sin que nos duela lo más mínimo.
Dicen que el misil Tomahawk de los que lanzaron EEUU cuesta un millón de euros y el misil estratégico naval MDCN francés cuesta cerca de tres millones de euros. Si calculamos que se lanzaron más de 100 misiles, teniendo en cuenta toda la logística de la operación, no sería desajustado hablar de más 500 millones de euros. Todo este dinero lanzado sobre los hangares previamente evacuados. Todo envuelto en un ruido mediático y manipulador como si todo el mundo sufriese de una amnesia colectiva sobre las mentiras del pasado. Ya nadie se acuerda de las supuestas armas de destrucción masiva en Irak. Nadie se acuerda que la guerra de Siria tiene cierto vínculo con la deflagración de Irak. ¿De verdad, las potencias occidentales tienen compasión de los inocentes que mueren en Siria? ¿Por qué no muestran la misma compasión con los que mueren en Congo, en Sudán del Sur, en Somalia, en Palestina, en Libia etc.? ¿Y cuál es el plan para la paz?
Me escandaliza comprobar que este dinero despilfarrado en un solo día equivale al presupuesto de algún país pobre de África durante todo el año. ¿Cuántos hospitales, escuelas etc. se podría construir con todo este dinero? ¿Cuántos enfermos se podrían curar?
Entiendo que los americanos quisieron probar sus nuevos misiles inteligentes frente a Rusia que ya ha demostrado su capacidad destructora. También es posible que Francia haya querido probar de manera real su nuevo misil naval que solamente lleva dos años de fabricación y nunca había sido utilizado. De hecho, las autoridades francesas se alegran de haber entrado de manera efectiva en el club de las potencias navales con esta muestra de poderío. O igual algunos quieren desviar la atención de los problemas internos tocando la fibra patriótica casi siempre hipnotizadora. Si no es así, vete a saber la razón verdadera de este bombardeo.  


lunes, 5 de febrero de 2018

Educar o perecer

Autor: Gaetan

« Educar o perecer » es el título de una reflexión extensa hecha por varios expertos bajo la dirección del profesor burkinabés Joseph Ki Zerbo bajo petición de las organizaciones mundiales relacionadas con la cultura (UNICEF, UNESCO, PNUD, Banco Mundial) en 1990. Se trataba de recopilar los desafíos y proponer las respuestas a la educación de los niños africanos. El título es tan provocador como real.
Esta semana, hemos asistido a un foro internacional sobre la educación en Dakar (Senegal) con la presencia muy remarcada del presidente francés, Emmanuel Macron y la famosa cantante de Barbados, Rihanna así que otras personalidades del mundo de la política y la cultura. El objetivo fundamental de este foro era promocionar la educación en el mundo. Se trata concretamente de reunir 2.000 millones de dólares para llevar a cabo la escolarización de entorno a 263 millones de niños y adolescentes que en este momento carecen de educación. Es un proyecto tetánico, integrado por más de 60 países; un proyecto ambicioso pero posible si hay voluntad política.
La educación, decía Ki Zerbo, es un derecho y un deber. En un mundo cada vez más globalizado, dónde manda la tecnología, es importante educar si no se quiere quedar al lado de la carretera del progreso, inmerso en los llantos de la miseria y sin que nadie te alivie. Educar a todos es al mismo tiempo un desafío y una obligación.



Mirando hacia África, se sabe que muchos países han puesto mano a la obra. Se han multiplicado campañas de sensibilización para que todos los niños puedan ir a la escuela. Pero desgraciadamente no todos los países han entendido que invertir en la educación es crear desarrollo. La inversión sigue siendo muy por debajo de los desafíos. En muchos lugares, la corrupción sigue siendo una lacra horrenda que obstaculiza cualquier posibilidad de despegue económico y limpieza política. Sin la gestión transparente y honesta de los recursos, no puede haber fondos suficientes para invertir en este sector considerado como estratégico por todos los países del mundo.
En una época en la que los países desarrollados hablan de la apuesta por la innovación y la investigación como motores del desarrollo, en África, muchos países siguen arrastrando los píes en lo que es absolutamente básico, es decir la educación primaria y secundaria. A estas alturas ya va siendo tarde y el tren del mundo está a punto de pasar sin encontrarnos en la estación. Estamos en un momento crucial.
Está muy claro que el tipo de evolución a la que el mundo se enfrenta actualmente requiere los conocimientos más allá de la escolarización básica. Se habla ya de la economía del conocimiento. Esto no se alcanza sin apostar por los estudios muy avanzados que posibiliten la innovación y la investigación.
Algunos países ya lo han entendido y van poniendo en marcha iniciativas dignas de alabanza. Podríamos citar el Instituto africano de ciencias  matemáticas (AIMS) inaugurado recientemente en Kigali siguiendo lo que ya se hace en Suráfrica, Ghana, Senegal etc. Se trata de un proyecto que pretende promocionar el ecosistema del conocimiento.
Sin embargo, África de manera general, salvo raras excepciones, sigue teniendo fallos en su sistema educativo. No hay inversiones suficientes en este sector. En muchos sitios, se sigue pensando que el desarrollo vendrá por la venta de los recursos naturales que por otro lado no son infinitos. La diversificación de la economía depende en gran medida de la calidad de la enseñanza que se otorga a los jóvenes. Es importante reactualizar los programas y adaptarlos a los nuevos tiempos. También es de extrema urgencia promocionar la escritura y la lectura, dos pilares fundamentales del conocimiento que en este momento no están en sus mejores momentos. Se escribe poco y lo poco que se escribe, se lee poco. Faltan bibliotecas, librerías, empresas editoriales etc.

En todo caso, me alegro constatar que en El proyecto AUDE (Asociación Universidad para el Desarrollo en África) llevamos cierto tiempo en la buena dirección. Nos dedicamos a buscar fondos para financiar los estudios universitarios a los jóvenes con capacidad intelectual y voluntad de estudiar pero sin posibilidad económica. En este sentido, podemos decir que hemos anticipado el foro internacional de Dakar. Para visitarnos y apoyarnos, consultar nuestra web www.audesarrollo.es


jueves, 25 de enero de 2018

Debo tener cara de terrorista


Cada vez que paso por el aeropuerto de Venecia, un agente de seguridad en civil me para justo antes de la salida.  Me selecciona en medio de todos los pasajeros, me lleva al lado y me interroga. Esto no pasó solamente este fin de semana. Llevo tiempo experimentando lo mismo ya que paso por este aeropuerto dos veces al año.
La primera vez que me paró el agente, pensé que lo había hecho por casualidad. Imaginaba que tenía la costumbre de elegir a alguien al azar para comprobar los documentos o cualquier otra cosa relacionada con la seguridad. Primero me pidió mi pasaporte, luego mi tarjeta de residencia de España, después me preguntó si era por primera vez que iba a Italia etc. Pasé la prueba y me fui.

La segunda vez pasó lo mismo. También lo tomé con naturalidad. Debo decir que no soy de los que ven la xenofobia por todas partes. Si no es algo demasiado exagerado, no me doy cuenta o no le doy demasiada importancia. De hecho, cuando mis amigos me preguntan si he tenido experiencia de rechazo en España, suelo decir con toda sinceridad que no me acuerdo. Además, sabiendo que casi todos, de alguna manera, tenemos una tendencia incipiente e inconsciente al prejuicio racial, me he acostumbrado a relativizar todo. Por ejemplo, algunos me llaman “moreno”, otros “de color”y yo entiendo que no se trata de racismo sino más bien de confusión a la hora de elegir el mejor vocablo sobre los negros. Muchos incluso creen que estas expresiones salen mejor que la de “negro” cuando por mi parte, esta última es más auténtica.
La cosa se complica un poco más cuando el desconocimiento de África aflora ciertos prejuicios arraigados, no necesariamente por motivos de racismo o xenofobia sino sencillamente por pereza intelectual o ignorancia. Muchas veces la gente olvida que África es un continente de 55 países, con más de 2 mil culturas y habla de ella como si fuera un solo país. O por haber visto un pequeño vídeo de publicidad de UNICEF con un niño desnutrido, tienden a generalizar lo visto sobre todos los niños de África. Son cosas sencillas pero que duelen mucho a nosotros los africanos porque no se puede confundir lo concreto con lo general más cuando se trata de personas humanas ni se puede tener un juicio cierto sobre un continente partiendo de un caso.
Todos somos sensibles a pequeños detalles que toquen algo de nuestra cultura, nuestro origen, nuestra lengua etc. Entre otras cosas porque tendemos todos a pensar que lo nuestro es mejor que todo el resto, que nuestra cultura es mejor que la de los vecinos, que nuestra conducta es mejor que la de los demás. Es una constante en la humanidad que solamente unos pocos consiguen superar.
A lo que voy: cuando el otro día el agente me paró por cuarta vez, ya empecé a pensar que lo hacía, no por lo que podría ser – cosa por otro lado normal con los tiempos que corren- sino por lo que soy. Sino ¿cómo entender que en medio de tantos viajeros me seleccionan a mí siempre para un chequeo especial? Son pequeñas cosas que levantan la sospecha de un cierto racismo latente probablemente hecho por alguien que no se sospecha nunca racista; un pecado inconsciente. ¿Cómo puedo dejar de pensarlo si cada vez pierdo minutos contestando a ciertas preguntas cuando los demás pasajeros pasan alegremente sin molestias?

Esta vez no fue una sencilla formalidad sino un verdadero interrogatorio. El señor que me paró empezó pidiéndome el pasaporte, luego me preguntó si era por primera vez que iba a Italia, si hablaba el italiano, si alguien me esperaba fuera, cuántos días pensaba estar, a qué pueblo me iba, qué trabajo hacía en España, qué llevaba en la maleta etc. Y por colmo, me pidió un documento que acreditara que era sacerdote. Desde que estoy en Europa - ya llevo unos cuántos años – fue por primera vez que la policía me pedía el documento de sacerdote. Contesté a todo con tranquilidad. Debo decir que llevo a mis espaldas cierta experiencia de viajes difíciles en los lugares mucho más hostiles y agresivos. Al final, me dejó salir sin más problemas.

Yo entiendo que el señor hace su trabajo. Lo que no entiendo es que siempre la selección caiga sobre mí. Por eso me pregunto: ¿tengo cara de terrorista?
Gaetan

viernes, 15 de diciembre de 2017

África y los hongos

Autor: Gaetan
Cuando uno pasea prestando atención a su alrededor, descubre siempre cosas insólitas que le hacen reflexionar. El  otro día, paseando por la calle Gaztambide de Madrid con intención de entrar en la biblioteca “África. Fundación Sur”, me fijé en el letrero indicador allí arriba dónde no podía alcanzar con la mano a no ser con una escalera. Pude leer una cosa que me llamó la atención y me creó algo de zozobra en mi interior. Sin embargo, tomándolo con cierta filosofía, decidí sacar la foto y seguir reflexionando más adelante sobre el tema.
Yo no sé si la gente que hace pintadas racistas son conscientes del daño que se hacen a sí mismos o que hacen a la humanidad. Sospecho que muchos, por ideología aprendida, desde su ignorancia y su estrechez de espíritu, son autómatas ciegos, unos míseros de espíritu con una mirada intelectual bastante corta. El hecho es que los ha habido siempre y los habrá porque parte de la humanidad, a pesar del avance en muchos ámbitos, sigue navegando en la oscuridad del egoísmo y del odio.
A lo que voy: en el letrero que indica el lugar de la biblioteca, algún gracioso se dio la molestia de subir con escalera porque no podía llegar allí arriba de otra manera y delante de la palabra “África”, añadió la palabra “hongos” como para dar a entender que África equivale a hongos.

Dice Achille Mbembe, un eminente pensador camerunés, en su libro “La razón negra” que los africanos, en contra de los siglos pasados, han dejado de interesar al mundo. Antes interesaban por su fuerza física en el marco de la esclavitud. Así pues, África interesa en cuánto tierra por sus riquezas mientras que los africanos no interesan ya a nadie. Tan es así que para algunos (espero que pocos), los africanos se han convertidos en unos elementos parasitarios, inútiles e incapaces, es decir unos hongos.
Dice el diccionario de la Real Academia Española que el hongo es un “ser vivo heterótrofo, carente de clorofila, hojas y raíces, que se reproduce por esporas y vive parásito”. Está todo dicho. El que puso esta palabra sobre el letrero pensaba seguramente en muchos de esos elementos. Me atrevo a pensar que pensaba en los africanos que llegan por Europa y que, según este tipo de mentalidades perversas, en lugar de ser unos hermanos dentro de la humanidad, capaces de aportar algo a la sociedad, son unos parásitos dañinos para el organismo. ¡Ojalá me equivoque!
El racismo no es una cosa nueva. Tiene la misma edad que el ser humano sobre la tierra. Los hombres tienden a dividirse en superiores y inferiores, buenos y malos, civilizados e ahistóricos etc. En el principio del siglo 19, Joseph Arthur Gobineau, un diplomático y escritor francés, considerado como el pionero del racismo moderno, llegó a hablar en su división de razas de civilizados del norte, bárbaros del este y salvajes del sur. En su empeño para demostrar la superioridad de la raza aria, construyó una teoría según la cual la humanidad estaba escalonada como a una pirámide cuya cúspide ocupaban los civilizados blancos y la base, los negros perdidos en las selvas. Poco antes, el filósofo alemán, Hegel, había decretado, sin haber pisado nunca África, que ese continente representaba la manta oscura de la historia con unos pueblos salvajes sin lógica ni historia ni consciencia de pertenecer al mundo. Las teorías de esos individuos estaban aclamadas en los ámbitos de la intelectualidad de su época.
África fue sometida a la esclavitud atroz durante siglos, vaciada de sus valientes jóvenes, humillada en su alma misma, aniquilada en su dignidad. Luego, fue colonizada como unos seres inferiores dignos de trabajos forzosos, lo que algunos empiezan a llamar tímidamente “crimen contra la humanidad”. Hoy en día, siendo teóricamente independiente, sigue siendo objeto del llamado neocolonialismo, es decir una colonización soterrada bajo apariencia de cooperación.
Leyendo el letrero, me dijo a mis adentros que no parece que hayamos avanzado mucho, siglos después. Pero, en realidad ¿qué pasa en la cabeza de una persona que considera a otra como un hongo en el siglo 21?
Ya sabemos que la ideología como intento de movilizar una parte de la población con ideas pervertidas y verdades parciales y tendenciales consigue utilizar la razón en lugar de ponerse a su servicio. Cuando la razón sirve la ideología, todas las justificaciones son posibles y todas las barbaridades también. La ideología es capaz de enfrentar a muerte a dos personas que no se conocen en nada. Considera que una parte de la realidad vive de la verdad y la otra en el error; que parte de la humanidad merece vivir y la otra perecer. Todas las ideologías fraccionan la realidad e intentan crear confrontación por medio del odio. .Puede ser que el que llama “hongos”  a los africanos no haya conocido personalmente a ningún africano ni haya pisado África ni sepa nada consistente sobre este continente. Y sin embargo, está dispuesto a considerar a otros seres humanos como animalitos insignificantes dignos de ser pisoteados. He aquí la miseria del ser humano convertida en un estandarte de la vida.
Como africano, sé que este combate solamente se puede ganar desde África misma. Los africanos alcanzarán el respeto cuando hayan hecho de su continente algo respetable. Se puede y se debe hacer. Hago mío el discurso del presidente de Ghana, el señor Nana Akufo Abdo con motivo de la visita del presidente francés, Emmanuel Macron durante este mes de diciembre. El presidente ghanés viene a decir que la dignidad de África depende de África misma. Si África se toma en serio con una buena gobernanza, una conciencia de sus capacidades, de sus inmensas riquezas, de su juventud viva, será ella que ayude al mundo. Yes we can!

Entonces, los desgraciados racistas podrán pintar o escribir todo lo que quieran y sus gesticulaciones serán vacías de contenido.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Feliz Navidad con AUDE

Madrid, 9 de diciembre de 2017
                                              
                Estimado amigo/a,
                               Habiendo transcurrido dos años desde el lanzamiento del proyecto AUDE África y habida cuenta que actualmente está integrada por 36 socios que están financiando los estudios universitarios de 16 alumnos en la República de Ruanda, consideramos que ha llegado el momento de una mayor difusión.
                               Se puede considerar que las actuaciones realizadas han sido exitosas, se ha logrado inscribir en el Registro de Asociaciones, se ha dado de alta en Hacienda y se están produciendo los cobros de cuotas y pagos a las universidades con plena normalidad. El proyecto ha sido acogido con entusiasmo por la sociedad ruandesa, lo que produce, a la vez, una demanda creciente por parte de numerosos alumnos que reúnen las condiciones para ser financiados.
                               Aunque de momento el ritmo ha sido satisfactorio, seguimos teniendo la necesidad de ampliar el número de socios para poder aproximarnos algo más a las demandas recibidas.
                               Por todo ello, consideramos que esta información puede ser de tu interés con objeto de poder ampliar el eco de este proyecto solidario, a través de cualquiera de las modalidades de colaboración establecidas: socio, donativos o difusión del proyecto.
                               Para más detalle e informa, disponemos de una página web www.audesarrollo.es
                               Un cordial saludo y Felices Fiestas,



                               José María Molina
                               Secretario de la Junta Directiva


viernes, 30 de junio de 2017

Las ratas de mi casa.




Desde que estoy aquí (Lagos), observo los movimientos sospechosos y rápidos cerca de la cocina. Antes, pensé que se trataba de un error óptico de mi parte o que me imaginaba algo inexistente. Pero luego vi con mis propios ojos que los movimientos en cuestión son de las ratas.
Una vez que me di cuenta del asunto con claridad, cogí mi cámara de fotos. Quería absolutamente inmortalizar esos bichos en una foto. Sin embargo, después de unos días intentándolo, no conseguí nada. Las ratas de mi casa son tan rápidas y tan asustas que no se dejan sorprender. Pasan a veces a mi lado corriendo tanto que no hay manera de sacarles una foto.
Nunca van juntas. Siempre que pasa una, corre sola al lado de la pared y tiene memorizado el lugar de tal manera que no se deja al descubierto durante mucho tiempo.  Cuando sale de debajo del sofá, entra debajo del armario y cuando sale, se introduce debajo de la puerta para entrar en otra habitación o ir fuera y desaparece por el alcantarilla que conduce agua. Ni siquiera sé si se trata de muchas ratas o de una rata. Este asunto me vuelve loco.
Cuando pregunté à un trabajador de la parroquia dónde estoy hospedado si no había manera de comprar un gato que acabase con ellas, me dijo una cosa muy sorprendente: “los gatos no quieren comer las ratas de Lagos”. Nunca había oído una tal cosa en mi vida. Siempre he entendido que el gato lleva en su ADN el odio al ratón y que lo mata siempre que lo ve incluso sin tener hambre. En otros lugares, he podido comprobar cómo cuando el gato captura un ratón sin hambre, pasa el día torturándolo y acaba comiéndolo después de horas de lo que parece un juego para él. Si en Lagos los gatos no comen ratas, debe ser un caso de escuela para los científicos. ¿El problema está en los gatos de Lagos o en las ratas? Pues, el trabajador estaba convencido que las ratas de Lagos deben comer cosas raras que producen una repulsa por parte del gato. Y añadió que es por esta razón que los habitantes de lagos temen también comerlas. Me dijo sonriendo: ¿Tú crees que estas ratas circularían tan alegremente delante de nosotros si fueran comestibles?
Si estas ratas entran en casa, significa que encuentran algo de comer. Pasan más a menudo por la cocina y seguramente con su olfato, saben que alguna comida o alguna migaja de pan cae por el suelo. Yo me decía a mis adentros que si se limitaran a pasear por la cocina, no tendría ningún inconveniente en tenerlas como vecinas. En otras palabras, si no entraran por mi habitación para comerme los pies como hacen a menudo en algunos sitios y si no se meten a hacer ruidos raros en algún rincón para impedirme el sueño, toleraría su presencia en la casa. Pero parece que el contrato no se está cumpliendo según mi deseo. Esta noche, he visto una entrar por debajo de mi puerta. Intenté seguirla para ver adónde se dirigía pero justo el tiempo de abrir la puerta, había desaparecido. Toda la noche, estuve atento a ver si se metía a comer alguna ropa o si subía en mis sábanas, pero no noté nada. Quizá ya no está allí.
Las ratas son animalitos que viven muy cerca del hombre sin ser nunca su amigo. Están siempre cerca y lejos a la vez, a una distancia elástica. Saben que el hombre no suele tolerarlas. Cuando te acercas, se alejan. Pero la casa humana tiene la comida que les gusta. Cuando no encuentran comida, se limitan a roer la ropa o cualquier otra cosa que encuentren dentro.
Estas ratas de mi casa me acuerdan un anécdota mía de hace años cuando estuve trabajando en la República Centroafricana. Un amigo  me envió una caja de Navidad desde España por correo postal. La caja llegó a correos de la capital, Bangui pero yo vivía a 900 km. Así que tardó mucho en los almacenes de correos. Cuando finalmente conseguí recuperarla, tenía un agujerito. Las ratas de correos se habían introducido dentro para un suculento banquete: chorizos, jamones, quesos, mazapanes, turones.  Solamente me dejaron una botella de vino, creo que más por impotencia que por piedad.
Las ratas que observo en mi casa deben ser de la raza llamada rattus norvegicus. Son ratas gris que suelen vivir en las alcantarillas. Son roedores natos que se mueven siempre en los ambientes del hombre sin nunca familiarizarse con él. Suelen vivir en las ciudades pero nunca alejarse de los lugares húmedos especialmente los lugares dónde fluye agua.
De momento, no tengo todavía ningún susto con estas vecinas. Espero llevarme bien con ellas hasta el final de mi estancia. Y si tengo suerte, tomarlas una foto de recuerdo.
Gaetan

lunes, 26 de junio de 2017

Lagos, ciudad de los contrastes.



Autor: Gaetan
De momento no puedo hablar de Lagos en su conjunto. Es una ciudad tan enorme que sería muy atrevido decir que, en una semana, uno tiene idea de cómo es. Además, desde la periferia dónde vivo, todavía no puedo decir nada del centro porque no lo he visto. Lagos es una ciudad de más de 15 millones de habitantes. Algunos hablan de 18. La verdad es que es una ciudad de grandes dimensiones en todos los sentidos pero también una ciudad de grandes contrastes.
Cuando preparaba el viaje para Nigeria, todo el mundo me pedía tener mucho cuidado pensando directamente en Boko Haram. Este grupo extremista musulmán lleva años matando a todos los que no comulgan con su  idea del islam radical en el norte de Nigeria pero también en Niger, Camerún y Chad. Matan a niños, mujeres, ancianos y hacen tantas barbaridades que su reputación está más que conocida en el mundo. Tanto es así que hoy en día cuando hablas de Nigeria, la gente piensa en Boko Haram. Pues, tengo que decir que aquí, el Lagos, lo único de lo que no se habla es Boko Haram. Si no tocas el tema expresamente, no sale en la conversación. Este país es tan grande y tan complejo que lo que pasa en el norte tiene poca repercusión en el sur. Tampoco se ven indicios de tensión entre los cristianos y los musulmanes en esta mega ciudad dónde las iglesias de todo tipo alternan con las mezquitas en cada rincón y la gente con cruz está en los mismos atascos que los que llevan djelaba.

La otra impresión que uno tiene es justamente el número de personas que andan por las calles de la ciudad. Hay verdaderos atascos de personas que van y vienen en los mismos carriles que los coches, las motos. Todo se mueve. Hay vida. No se puede hablar de exceso de velocidad porque los coches van en cadena uno tras otros y las personas van pasando  a veces cruzando las calles corriendo dónde no hay paso de cebra.  Todavía no he vista un solo semáforo en la pequeña parte que he visitado. Los coches y las personas se cruzan aplicando la lógica del más rápido. Conducir aquí es una verdadera hazaña. La pregunta que uno se hace al ver este espectáculo es: ¿por qué no hay accidentes cada día? No podría asegurar que no los haya pero diría que si los hay, son pocos con respecto a lo que uno podría esperar.
En todos los barrios, se ven los tendidos eléctricos. Todo hace creer que la corriente llega a todas partes en esta zona de la periferia. Sin embargo, también se oyen ruidos de los grupos electrógenos por todas partes. La explicación es sencilla: la luz pública está cortada casi siempre y nunca nadie sabe cuando llega y cuando se va. Los que tienen aparatos que necesitan electricidad en casa se ven obligados a comprar grupos electrógenos y a instalar moduladores de corriente para evitar las sobrecargas cuando viene la corriente pública. Al lado de mi habitación, hay un grupo que me entretiene con su ruido ensordecedor desde la mañana hasta tarde la noche. Si hubiera aparatos de medir la contaminación, Lagos podría ocupar un buen puesto en el ranking mundial. Sin embargo, nadie parece preocuparse por este problema. La gente tiene otras preocupaciones.

A ambos lados de cada calle, existen canales para evacuar agua. Se nota que en algún momento de la historia, ha habido grandes obras para mejorar la vida de los barrios. El problema es que ahora, por algún problema, los canales están llenos de agua verdosa estancada. En otros muchos lugares, están repletos de botellitas de plástico vacíos mezclados con las bolsas de plástico negras. Evidentemente, el ambiente es propicio para la proliferación de los mosquitos y un caldo de cultivo de diversas enfermedades. Se ve que los beneficios del petróleo extraído en este país en grandes cantidades (primer productor africano), no están llegando todavía a todos.
A pesar de todo esto, el pueblo nigeriano es extremadamente respetuoso hacia los sacerdotes y amables con visitantes extranjeros. Estoy sorprendido por los gestos de cariño recibido a lo largo del día y todos los días. No sé si lo hacen por mí por ser sacerdote o es una actitud general hacía cualquier extranjero que llega. Me costaría pensar que no sea así.
¡Este país me está encantando!


sábado, 24 de junio de 2017

Días de cólera en Bangassou



(Este texto escrito originaliamente en francés por el periodista Laurent, de la revista católica La Croix, relata el día a día en Bangassou cómo lo ha visto durante los tres días que estuvo sobre el terreno).

2000 Musulmanes están recluidos en el recinto del seminario menor del obispado de Bangassou.
Alrededor rondan los antibalaka que quieren matarlos.

Puñetazos, porras, tablones…como una lluvia caen los golpes sobre un adolescente enloquecido, a  pocos metros de la catedral de Bangassou (en el sudeste de la República Centroafricana), durante la misa. En el interior de la elegante iglesia de ladrillos rojos, la asamblea acaba de recitar al unísono el Padre Nuestro. Hay tormenta a un lado y recogimiento al otro. Poco a poco, una cierta inquietud se apodera de la asamblea. Algunos fieles  han entendido lo que está pasando fuera. Entre ellos, sor Julieta, una franciscana de Montpellier. Sale corriendo al exterior.  Ante ella, jóvenes musulmanes rivalizan por  participar en el linchamiento. Han reconocido que la víctima es uno de los milicianos que les hacía la vida imposible, día y noche.
Los parroquianos, entre ellos el chófer del obispado,  se meten a parar  la pelea con mucha valentía. Los golpes se multiplican. Algunos intentan interponerse, como por ejemplo una joven musulmana, que arranca el cuchillo de manos de su hermano. Sor Julieta levanta las manos al cielo, se acerca al torbellino intentando encontrar una solución. Grita con una voz débil que el horror tendría que acabarse. De repente, el adolescente es arrastrado por dos hombres que consiguen introducirle en la catedral llevándolo por los brazos, aunque antes, un niño  tiene tiempo de machacarle, con una enorme piedra, la cabeza. Una vez dentro de la iglesia, está a salvo. Sacan al chico por una puerta de atrás. “Todo esto es de locos” susurra Sor Julieta que se coloca en la fila para la comunión.
Al final de la celebración, la mayoría de los fieles desaparecen rápido. Una minoría lanza insultos en dirección al campamento de los musulmanes, a trescientos metros debajo de la catedral. “Después de todo lo que se os ha hecho, es así cómo nos lo agradecéis” se queja una religiosa que no soporta más vivir en este clima de tensión y violencia permanentes. Un señor grita: “No hay nada que hacer con vosotros”. Tres soldados marroquíes de la MINUSCA se acercan para calmar los ánimos. Pero el pueblo ya no quiere  a esta gente. Les acusa de incompetencia y de complicidad con los musulmanes.
Todo el mundo espera una reacción de los antibalaka. Son ellos los dueños de la ciudad desde el 13 de mayo cuando conquistaron Bangassou echando a los musulmanes. Estos últimos, refugiados en la mezquita central, fueron evacuados por las fuerzas especiales portuguesas, el 16 de mayo y les llevaron al seminario menor San Luis, en el obispado. Allí viven rodeados por los milicianos antibalaka que prefieren llamarse autodefensas. Dentro hay de todo: los scout, los antiguos seminaristas, los delincuentes, los jóvenes desempleados, los campesinos… Existe la sospecha que estos jóvenes están manipulados, financiados y armados por el entorno del expresidente François Bozize. Son siete pandillas que se reparten la ciudad, las tres más feroces están bajo el mando de un antiguo militar FACA, ejército de la época de Bozizé. Los musulmanes están expuestos, día y noche a los ataques de estos hombres sanguinarios. Si se atreven a salir del recinto del seminario, los antibalaka los masacran sin piedad. Sin ir más lejos, esta semana, algunos desplazados han intentado ir a Bangui en camiones que se introdujeron en la caravana de los camiones de PAM escoltados por los cascos azules de Mauritania. Uno de los vehículos se averió nada más salir de la ciudad. Los cascos azules siguieron su camino. Inmediatamente después, los antibalaka llegaron y reconociendo a uno de ellos, le mataron, le cortaron en trozos y pasearon con sus miembros por toda la ciudad. Los  otros dos  consiguieron esconderse en la hierba y llegar al convento de las religiosas de Montpellier. Sor Julieta les condujo luego, sanos, al obispado.
Todas las noches, los que rondan abren fuego y enseguida se oyen disparos por todos los barrios. Los desplazados esperan, con cierto fatalismo, bajo  las tiendas de ACNUR, el fin de la pesadilla, contando los disparos.
Enfermos y heridos habrían preferido no tener que ser hospitalizados. Los antibalaka se oponen a ello. Es prácticamente imposible cruzar la ciudad sin llamar su atención. Hasta los humanitarios tienen miedo de conducirles desde que dos musulmanes sobrevivientes de la mezquita fueron ejecutados en el hospital central. Hoy en día, los únicos que se hacen curar en el dispensario son los antibalaka y los no musulmanes.
Se acabó el tiempo en el que cristianos, musulmanes y animistas vivían en buena armonía aquí en Bangassou. Sin embargo, desde que la crisis estalló en 2013, habían resistido bien  a la pasión identitaria. Todo se acabó. La última vidriera de la vida en armonía en Centroáfrica se ha roto en Bangassou. “Ya se veía venir hace meses” explica mons. Aguirre, obispo de Bangassou que está protegiendo a los musulmanes. Tiene 65 años y ha sufrido tres infartos. “La llegada de los peulhs de Ali Darass en febrero de 2016 a Nzacko, a 190 km de aquí acabó desestabilizando toda la provincia de Mbomou. Se pusieron a saquear a los habitantes locales. El contingente marroquí de la MINUSCA no pudo defenderles, ni el gobierno centroafricano tampoco. Los jóvenes se sublevaron y poco a poco las cosas se caldearon” persigue el obispo.
Otro grupo de rebeldes compuestos de musulmanes chadianos se aprovechó de la situación para instalarse también en esta región rica en minerales como oro y diamantes, el FPRC (Frente Popular para el Renacimiento de Centroáfrica) del chado-centroafricano Nouredine Adam. “Cada día esperamos que irrumpa sobre Bangassou para socorrer a sus correligionarios del obispado. Al principio de la semana, asolaron Nzacko and Bakouma; saquearon los barrios de los cristianos; incendiaron decenas de casas; mataron a los jóvenes y pusieron patas arriba la iglesia incluido el quirófano recién construido. Ya lo habían hecho previamente en 2013” añade el obispo español. Como respuesta, los antibalaka destruyeron la mezquita de Bangassou. Los rumores anuncian una inminente  ofensiva de FPRC. Los SMS alarmistas circulan masivamente cada día y causan, a veces, un verdadero pánico y reacciones catastróficas en cadena.
El director diocesano de  Caritas, el padre Guy-Florentin N’zingazo acaba justamente de recibir uno que advierte que los antibalaka de Pino Pino (apodo de Pépin Wakanam), antiguo empleado de Areva, un gbaya de Boali, uno de los crueles de la ciudad, estaría a punto de atacar el seminario en represalia por el incidente de la mañana. Sus hombres estarían a 200 metros. El padre Alain Bissialo, párroco de Cristo Rey de Tokoyo, justo en frente de la mezquita destruida, se acerca para calmar los ánimos. Todo el mundo reconoce sus talentos mediadores. Él también ha acogido varias familias musulmanas en su parroquia.
El campamento del seminario menor no está bien asegurado. Están allí los cascos azules marroquíes pero no parecen dispuestos a pelearse de una manera eficaz. Ya abandonaron a los musulmanes en la mezquita central el 13 de mayo. Aquel día murieron 40 personas entre los cuales el imán, mujeres y niños. Por otro lado, se dice que los marroquíes abren fuego sin identificar sus objetivos. Aquí en Bangassou, son innumerables los heridos por sus balas. Hay un miedo añadido: se cree que si los antibalaka atacan, los extremistas musulmanes del campamento pueden volverse contra los sacerdotes que viven en el obispado.
Al final, el padre Bissialo consigue convencer a Pino Pino de no mover sus tropas. Es ya la tercera vez que esto ocurre en esta semana.
Por la tarde, el obispo recibe un mensaje de una religiosa, refugiada en RDC (República Democrática del Congo), al otro lado del río Mbomou, frontera natural entre los dos países. Anuncia que vuelve. La cita está fijada a las 16:00 al puerto. Antes de ir allí, el obispo pasa por el seminario menor para dar ánimos a los desplazados. Allí se cruza con Kaltouma, una mujer de 27 años, sentada sola sobre una estera. El domingo 28 de mayo, la mujer pidió al padre Guy-Florentin que le ayudase a cruzar el río hacia el otro lado con sus cuatro hijos (12, 10, 8 y 2 años) y su hermana pequeña de 14 años. El cura tenía previsto ir con coche a decir misa por allá. Llegados al puerto, se toparon con los antibalaka de Ngade (uno, originario de Zabe, en el Mbomou). Los milicianos se apoderaron de Kaltouma, de sus hijos y de su hermana. Los llevaron aparte y los mataron. Creyendo que ella también estaba muerta, la tiraron al río de dónde la rescató una catequista,  que la recogió, la curó y la acompañó hasta el campamento.
Hay que decir que hay también personas justas en medio de todo esto. Incluso son mayoritarios” dice el cura mediador. Lo peor de la humanidad cohabita con su mejor lado. Los cristianos de Bangassou no escapan a esta regla general. Caritas es la responsable del campamento y es ella que coordina el trabajo de los agencias humanitarias de la ONU. Los desplazados huyen de algunos cristianos y están acogidos por otros cristianos.
Una hora más tarde, mons. Aguirre coge su coche y activa su música española. Se dirige al puerto. Los antibalaka de Ngade le paran. Son los mismos del 28 de mayo. Su coche está inmediatamente rodeado de esos criminales armados de AK 47, fusiles de caza, lanzas y machetes. Su jefe le insulta, le acusa de ser un mal cristiano, un cómplice de los musulmanes. Le amenaza con su arma, el dedo puesto al gatillo. “Después de todo lo que nos hicieron, hay que matarles a todos incluidos los que les ayudan. Yo soy católico, un verdadero católico” grita. El obispo con tranquilidad; le escucha y le responde con voz suave, mientras la melodía española se oye desde fuera del coche. Le dice: “El día  en que estés herido o amenazado, te vendré también a buscar para protegerte”. Las palabras no consiguen producir el efecto deseado. El miliciano le pide un billete de 10.000FCFA (6,5 euros). Como la religiosa no está todavía, el obispo no puede esperar.
48 horas más tarde, Pino Pino ataca el campamento del obispado. Los marroquíes abren fuego y consiguen rechazar a los asaltantes. Pero hay una noticia esperanzadora: un niño ha nacido en la misma noche, en el comedor del seminario menor.
Laurent Larcher
Traducción española: Gaetan